El hombre curioso y el infierno

Un hombre murió y fue llevado al cielo. En la puerta lo esperaba San Pedro que lo recibió con gran alegría, pero notó en su rostro un gesto de preocupación.
– ¿Qué te ocurre?, ¿no estás contento de haber llegado al cielo?
– Claro que sí-respondió- cómo no voy a estarlo, pero tengo un ligero problema.
– Tu dirás
– Verás- prosiguió el hombre- yo soy una persona muy curiosa, y si entro al cielo para toda la eternidad siempre me quedaré con ganas de saber cómo es el infierno
– No te preocupes- contestó San Pedro- eso tiene solución. Ahora mismo le digo a uno de los ángeles que te acompañe al infierno, echas un vistazo y regresas aquí.
El ángel acompañó al hombre curioso hasta el infierno. En la puerta había un demonio al que le dijo
–Ojo, este hombre solo viene a echar un vistazo pero después se vuelve conmigo.
El hombre entró en el infierno y vio una enorme, inmensa sala blanca, con una multitud de puertas blancas a los lados y en el centro una enorme mesa blanca rectangular de la que no se distinguía dónde acababa en la que había unas enormes fuentes blancas con un arroz chino de una pinta y aroma deliciosos y junto a ellas un montón de enormes palillos chinos blancos de más de un metro y medio de longitud cada uno. De pronto sonó una campanilla y de las puertas comenzó a salir una enorme cantidad de personas. Todos ellos estaban muy delgados y demacrados, con los ojos llorosos y arrastraban sus pies sin apenas fuerzas.
Se dispusieron a ambos lados de la mesa, tomaron sus palillos con los que cogieron la comida, pero al ser tan largos, por más que intentaban llevarse la comida a la boca echando los brazos hacia atrás no alcanzaban. Y así pasaban la eternidad, penando con su hambre sin poder saciarse de aquella comida tan deliciosa.
El hombre curioso salió muy impresionado de aquella visión del infierno y regresó con el ángel. Al llegar de nuevo al cielo pasó dentro con él y aún se impresionó más. Estaba en la misma enorme, inmensa sala blanca, con la misma multitud de puertas blancas a los lados y en el centro la misma enorme mesa blanca rectangular de la que no se distinguía dónde acababa en la que había las mismas enormes fuentes blancas con el mismo arroz chino de una pinta y aroma deliciosos y junto a ellas el mismo montón de enormes palillos chinos blancos de más de un metro y medio de longitud cada uno.
-¿Pero qué es esto?- preguntó el hombre asombrado- me has vuelto a traer al infierno.
– No- contestó el ángel- estamos en el cielo
-¿Qué me dices?¿No ves que estamos de nuevo en el infierno con todo igual?
– Te digo que esto es el cielo, si lo sabré yo…
De pronto sonó la misma campanilla y de las puertas comenzó a salir una enorme cantidad de personas. Todos ellos eran muy guapos y se les veía rebosantes de salud y caminaban muy contentos cantado, bailando, saltando y dándose besos y abrazos unos a otros.
Se dispusieron a ambos lados de la mesa, tomaron sus palillos con los que cogieron la comida y al ser tan largos… cada uno daba de comer al que tenía enfrente. Y así pasaban la eternidad, felices compartiendo la alegría, el amor y aquella comida tan deliciosa.
Moraleja: el cielo y el infierno, en esta vida y en la otra, es una consecuencia de que vivas de forma egoísta para ti o de manera generosa sirviendo a los demás.
En el viaje obligado hacia la eternidad que todos debemos
Hacer un buen día, hay dos sitios de llegada:
- A) Uno que te dará la felicidad.
- B) Otro que será de tristeza y sufrimiento eterno.
Pues bien: desde ahora todos estamos construyendo nuestra morada futura. Esto es lo que recuerda este “sueño” misterioso de una dama para dicha suya, logró arribar al sitio de la felicidad, y por misericordia de Dios tuvo que devolverse, después de aprender una dura lección
“NO SE PUEDE VIVIR EN EL PECADO EN ESTA VIDA, Y DESPUÉS GOZAR DE DIOS EN LA OTRA” .
VIVIR EN GRACIA DE DIOS, CON GENEROSIDAD CON LOS NECESITADOS BONDAD EN EL TRATO CON LOS DEMÁS;
PREOCUPACIÓN POR ENSEÑAR A OTROS EL CAMINO DEL BIEN A IMITACIÓN DE JESÚS Y DE LA SANTÍSIMA VIRGEN.
¡Empieza desde hoy consignar en el cielo su cuota inicial para la eternidad según tu deseo de la mansión que quieras encontrar allí!
( Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)









































Te quiero porque eres libre. Porque nunca me has dicho “te necesito”, “no podría vivir sin ti” ni me has vendido un “siempre” hipócrita que no sabes si cumpliremos. Porque no me idealizas. Sabes que puedo hacerte daño y te da miedo, pero no por ello dejas de estar así de cerca. Decides arriesgarte cada día. Conoces mis defectos tan bien como yo y, sin embargo, apuestas por mí. Yo conozco los tuyos y nunca había tenido tan claro que alguien merecía la pena.



































