Mantener el alma bella

El alma no es física

Dios no es un cuadro abstracto en nuestra vida.
Necesito tener siempre el alma limpia.




Cuando hay amor, hay más interés que el propio, uno compartido. Cuando no queda amor tampoco necesidad, sino la voluntad de conjugar verbos en plural. Quien te ama de verdad te elige por cómo eres y acepta todo de ti, tanto tus cualidades como tus defectos, pero sobre todo trata de amar a estos últimos.
Porque a quien le preocupas de verdad no le importan las horas a las que le llames o las veces que necesites su compañía, simplemente está para ti. Porque te conoce y sabe que, a veces cuando esbozas una sonrisa, en realidad tu interior está hecho pedazos. Su única intención será la de ayudarte a recomponerlo.
Quien siente verdadero amor te regala sentimientos en forma de preciosos detalles, sin esperar recibir nada a cambio. No se mueve por el interés sino por el bienestar que le produce dibujarte sonrisas y cobijarte en abrazos. Y aun cuando te enfadas, intenta comprenderte a pesar de creer que en ocasiones no llevas la razón, porque considera que más allá de lo sucedido está vuestra relación.
Pero eso no es amor, sino utilizar a los demás para el beneficio propio. Porque quien está contigo por interés en el fondo es un egoísta disfrazado que en ocasiones se servirá del chantaje emocional para conseguir lo que quiere. Por eso tienes que estar atento y abrir siempre los ojos: es la única forma de no terminar siendo un esclavo de sus voluntades y deseos.

El regalo más bonito que una persona puede hacerte es compartir parte de su tiempo. Regalarte sus minutos, horas y segundos porque te está regalando parte de su vida. Y de esto saben mucho las personas que te quieren.
Quien te regala tiempo te está dando parte de su vida a cambio de nada, simplemente porque quiere, porque lo prefiere, porque estás en su lista de prioridades y de personas a cuidar. Un minuto es suficiente para hacerte saber que eres importante para él o ella, incluso unos segundos bastarán si están cargados de buenos sentimientos, para dejar una huella imborrable en tu corazón
Porque quien te quiere de verdad buscará compartir tiempo contigo. Se encontrará cómodo y tranquilo siendo parte de tus momentos. Sin embargo, quien solo lo hace por interés pensará que está perdiendo el tiempo, de ahí que no esté siempre tan disponible.

Quien te quiere de verdad suma en tu vida, quien solo lo hace por interés resta. Porque quien se mueve siempre por el beneficio propio tiene el riesgo de en algún momento quedarse solo.
Se encuentran escondidas por los rincones del planeta. Disfrazadas de normales. Disimular es su especialidad. Procurando comportarse como los demás. Por eso, a veces, es tan difícil encontrarlas, pero cuando las descubres ya no hay marcha atrás.
Trata de rodearte de aquellos a quien les encante compartir tiempo contigo, aunque solo sea en un sofá hablando y pon distancia de quien te llama solo cuando te necesita.
La vida está llena de personas maravillosas y de otras que aún no han sido capaces de despertar y sentir todo lo que el amor y el aprecio por los demás aporta. Pero en ti está la decisión de elegir con quien relacionarte. Por ello, no olvides que quien te aprecia, te ofrece no te exige. Te aporta, no te pide. Te valora, no te destruye. Quien te quiere de verdad no solo te lo dice, sino que también te lo demuestra.
( Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)


Llegadas a la madurez, son muchas las inquietudes que pueblan su cabeza. Y, además, de todo tipo, más o menos privadas, frívolas y contundentes.
Por un lado, la sociedad exige mucho más a las mujeres en lo que al cuerpo compete, de manera que según pasan los años comienzan a preocuparse por cada arruga, surco, mancha o muesca de celulitis que se instale sobre la piel. Pero, por supuesto, esta mujer no puede dedicar gran parte de su tiempo a estas cuestiones, ya que trabaja.
Por otro lado, la mediana edad es una época complicada para hombres y mujeres: los padres mueren, los hijos crecen y a uno le salen canas. La mujer ve, además, su cuerpo revolucionado por las hormonas y, en muchos casos, sobrepasada por su existencia.
Demasiadas son las cosas que preocupan a la mujer moderna que ronda la mediana edad. Todas ellas relacionadas con el cuerpo, la estética, la casa…, las ocupaciones más terrenales que tradicionalmente se han venido ligando a la esencia de la mujer.

¿Debería dejar de beber?
Los medios nos bombardean con ello: el alcohol es malo para la salud, para el hígado, para la piel. Una copita de vino al día no hace daño. Además, las resacas ya no las llevas con tanto ánimo y dignidad como antes. Por todos esos motivos la bebida es, al parecer, uno de los problemas que más inquietan a las mujeres.
¿Dormiré algún día lo suficiente?
Son demasiadas cosas: el trabajo, la casa, la comida, el marido, el cuerpo de una, la cara de una, la ropa…
La mujer actual no tiene tiempo para dormir bien, para dormir las horas suficientes.
5. ¿Qué crema de belleza debería comprarme?
Hay mil millones de cremas de belleza, de mil millones de precios, en mil millones de botes distintos, anunciados por mil millones de famosas diferentes. Y cada amiga recomienda una, y la mujer actual no sabe cuál comprar. Incertidumbre que nace, claro, de un factor que todas tienen en común: sus efectos apenas se perciben.
¿Estaré premenopáusica?
Sudores, escalofríos, retención de líquidos o leve aumento de peso son muchos de los síntomas normales que achacan a la mujer llegada una cierta edad. No obstante, hay que verlo por el lado bueno: en cuanto pase la época de transición, la cesión de la menstruación restará una de las preocupaciones femeninas.
¿Quién va a cuidar de mí cuando sea vieja?
Se vislumbra la vejez antes de tiempo y acechan inquietudes que, si bien son comprensibles, no ayudan a nada.Mucho pensamos en la vejez y poco en la muerte, frente a la que sabemos que no tenemos nada que pensar. “se piensa en la muerte como en una exposición de escultura: suponiendo que va a ir a ella todo el mundo menos uno mismo”.
¿Estarán bien mis padres?
Ya empiezan a estar mayores, nos preocupa que se queden solos, que no se sepan desenvolver, que tengan un accidente doméstico ante el que no sepan reaccionar, que la ambulancia llegue tarde.
¿Estarán bien mis hijos?
¡Y con los tiempos que corren! ¿Cómo van a pagar sus impuestos? ¿Serán autónomos algún día? ¿Sabrán desenvolverse en la vida? ¿Y si tienen un accidente doméstico y no saben reaccionar…?

“El pasado nos sirve para recordar cosas maravillosas, para evocar lo bueno y lo malo. Lo que se fue y no volverá. También funciona para tener presentes nuestros errores y no volverlos a repetir. Hay que tomarlos de una manera enriquecedora”.
Escucho en reiteradas ocasiones que las personas se arrepienten por haber gastado en tantas cosas materiales, cuando en este momento añoran lo más básico del mundo, como el contacto físico, tomarse un café con los amigos de la oficina por la tarde…

Salir del “seré feliz cuando…”. Es un pensamiento ilusorio porque si no sabemos disfrutar y ser feliz con lo que tenemos ahora, tampoco lo seremos el día de mañana. Entonces, decidir ser feliz con lo que soy y con el momento presente. Para encontrar el camino al presente y liberarnos del estrés acumulado que nos dificulta esa conexión, ayudan los ejercicios de respiración, el yoga, la meditación.
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Siempre hay tiempo, a cada instante… El tiempo no es un objeto que puedo perder, tampoco lo puedo recuperar. Entonces si creo que «me falta tiempo» seguramente me falta una buena relación con mi tiempo. No puedo hacer que el día tenga más de 24 horas pero sí puedo cambiar mi forma de vincularme con el tiempo.
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El pensamiento “no tengo tiempo” suele expresar un sufrimiento psíquico que falta algo valioso en nuestra vida. Puede ser un síntoma de que se está buscando algo que no se encuentra. O que nos llenemos de actividades para intentar saciar nuestra ambición y controlar nuestro temor. Puede sucedernos que por más que nos esforcemos, persista una sensación de fracaso e impotencia. Si reconocemos algo de esto, es importante «parar la pelota y pensar», hacer una pausa y conectarnos con lo que nos está pasando, lo que estamos sintiendo, lo que realmente necesitamos.
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Si repito «no tengo tiempo», me iré generando estrés y estaré mintiendo. No es verdad porque el tiempo siempre está presente y disponible hasta el momento de nuestra muerte. Es una mentira socialmente aceptada pero nos hace mal, como personas y como sociedad. Los pensamientos que no son verdad, nos confunden y nos dejan prisioneros de un relato que construimos en nuestra cabeza. Nos impiden reconocer el problema y, por lo tanto, también nos impiden resolverlo. Más saludable es renunciar a la mentira de «no tengo tiempo» y reconocer qué es lo que me está faltando. Quizás sea motivación, entusiasmo, libertad.
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La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes». A veces nos la pasamos pensando, intelectualizando, dando explicaciones, atrapados en excusas y vueltas para todo. Entonces se genera un vacío interior y pareciera que nada es suficiente, el tiempo no alcanza porque nada nos alcanza, no sentimos satisfacción porque no sentimos lo que nos pasa. Si no conocemos el camino, «salir de la cabeza» puede ser más difícil que salir de una prisión de máxima seguridad. Se requiere desarrollar habilidades para poder hacerlo.
( Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)





En definitiva, reajusta tus expectativas a tu vida y objetivos realmente importantes para ti.

La auto exigencia ha podido contigo: has pasado de una auto exigencia que te hacía crecer, mejorar, aprender tus fallos y superarte a hablarte mal, señalar tus errores de forma exagerada y menospreciando tus logros. En este punto, en lugar de construir una mejor versión de ti mismo, te estás destruyendo.
Háblate desde el cariño y el respeto, no generalices los errores, ni los exageres, motívate sin presionarte con la tiranía de los «debería» y analiza el error centrándote en cómo mejorar o qué aprender de este. Por supuesto, no olvides valorar tus logros y permitirte recargar las pilas.
Asume que no puedes con todo: tienes un tiempo limitado cada día y no vives por y para trabajar. Elige qué tiempo le quieres dedicar a cada tarea, sin sobrecargarte, disfruta de lo que haces. Aprende a decir que no a las tareas que no son importantes para ti.
Perdónate: no hacerlo todo es normal, cada persona tiene un ritmo, lo importante es el significado que le das a las actividades que haces cada día. Mírate al espejo, dite «gracias por todo lo que haces, no pasa nada si no lo consigues todo, perdón por haberte exigido tanto, lo estás haciendo bien».

Baja autoestima: no llegarás a sentirte del todo satisfecho incluso cuando consigues un logro, siempre buscarás más y mucho mejor. En definitiva, sentirás que estás fracasando de manera constante.
Tendencia a la negatividad: puesto que el objetivo es conseguir la perfección, independientemente del resultado y del esfuerzo, nunca disfrutarás de lo conseguido. Pensarás que no eres lo suficientemente bueno para que te salgan bien las cosas. Esto te llevará a anticipar los acontecimientos de un modo fatalista.
Rigidez: verás las cosas en blanco o negro (es decir, sale todo perfecto o sale todo mal). Se te hará difícil ver las situaciones con matices o términos medios lo cual complica el afrontamiento.
Pérdida de autoconfianza: te sentirás inútil porque según tu criterio rígido de perfección o imperfección no estás llegando a tus objetivos y llegarás a pensar que no conseguirás alcanzarlo.
( Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)


Aveces la opinión que los demás tienen de nosotros y de lo que hacemos puede hacerse muy poderosa e influirnos más de lo que debería.

No intento cambiar para conseguir la aceptación de los demás.
Mejoro en aquellas cosas que pueda hacerlo y acepto mis rasgos de personalidad que no puedes cambiar.
No es necesario que los demás estén de acuerdo conmigo en todo para que me quieran y respeten.
De hecho, yo tampoco necesito estar de acuerdo en todo con el resto para valorarlos como se merecen.
Todos tenemos mucho que mejorar, pero también mucho por lo que valorarnos y sentirnos bien.

No me centro en los fracasos o en la vergüenza que siento ante determinadas personas cuando hago algo mal.
Toda la vida es un proceso de aprendizaje y hay logros que necesitan más de un intento por nuestra parte. Además, no todos juzgarán cada cosa que hagas.
Pienso en positivo y no analizo demasiado las cosas.
No es necesario cambiar mi círculo de amistades. Lo más sano y deseable es conservar a los amigos ‘de siempre’ que realmente quiero y me quieren.
Mis nuevos amigos pueden integrarse perfectamente a tu vida con toda naturalidad.
Y aquellos otros que continuamente cuestionan lo que hago se irán alejando de forma natural: mi nuevo entorno ayudará a que esto sea lo que ocurra.

En mi vida solo deben permanecer las personas que creen en mí y me muestran su apoyo.
Es posible que en ocasiones me sienta sola o no lo suficientemente acompañada.
Recuerdo que lo valioso es rodearme de personas que sean buenas para mi, aunque sean pocas.
Vencí mi miedo a lo que los demás piensen de mi hablo con ellos de mis proyectos, de mis sueños o mis planes de futuro.
Al conversar con otros podré darle forma a mi pensamientos y ganaré confianza en mi misma.
Si emprendo un camino que antes he podido compartir con otras personas, lo haré con una mayor sensación de seguridad.
A partir de ahí todo será más sencillo, porque si siento que estoy luchando por aquello que deseo no me afectará tanto lo que los demás opinen. Comprobaré que, cuando desaparezcan mis propias dudas, dejaré de desaprobar lo que hago.
En cambio, si me muestro insegura o dubitativa, los demás sentirán que es la ocasión perfecta para opinar sobre mi.
( Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)

Lo que no decimos se nos acumula en el cuerpo, se nos convierte en insomnio, en nudos en la garganta, en tristeza, en dudas, en problemas gastrointestinales.

Lo que no decimos es nuestra asignatura pendiente, cuando pensamos una cosa y decimos otra, sentimos una cosa y hacemos otra, no estamos siendo coherentes con nosotros mismos, por miedo al rechazo, a la crítica, a que nos juzguen y por ello se producen los desequilibrios emocionales que nos llevan a enfermar, internamente generamos tensión, malestar y tristeza.
Es bueno hablar de lo que nos preocupa, es bueno reconocer que algo está pasando que no nos gusta, es positivo para nosotros decir lo que nos incomoda, lo que no nos parece bien y no estamos de acuerdo. Es fundamental para nuestro estado mental, físico y emocional tener la libertad de expresar lo que pensamos y las tomas de decisión que queremos llevar a cabo; Decir las cosas claras, siempre con respeto, empatía y tranquilidad, es la manera más correcta de liberar la presión que supone guardarlo para nosotros, sí prefieres el silencio por miedo a la repercusión que puedan tener tus palabras, por miedo a que la otra persona no te comprenda y rechace o te juzgue, ésto lo tomarás como costumbre y ten seguro que más pronto que tarde explotarás emocional y físicamente; así que piensa que si eres capaz de expresar tus pensamientos y emociones, lo que sientes y piensas abiertamente, aprenderás a confiar en ti y entenderás que también tienes derecho a opinar y no siempre a callar.

Procura comunicar aquello que te pasa, sea bueno o malo, habla con la persona que te está lastimando, con tus seres queridos o con tu terapeuta. No tengas miedo al rechazo o a ser juzgado, recuerda que lo que no decimos sale a la luz de alguna forma que puede ser negativa para la salud y la armonía del cuerpo.
Para que el cuerpo esté equilibrado necesita que la mente también esté en armonía. Si no tenemos paz interior ni felicidad esto se reflejará en nuestro exterior. Por eso es importante saber que lo que no decimos tendrá consecuencias físicas y psíquicas. El rencor puede causar un gran malestar, alterar el sistema inmunológico y volvernos más vulnerables a gripes y otras enfermedades. Incluso, cuando se vuelven crónicas, la rabia o el rencor pueden provocar cardiopatías y desmejorar la calidad de vida.
( Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)








Seguramente te has visto en innumerables ocasiones atascado en un determinado pensamiento. Te pasas horas y horas dándole vueltas a algo que te preocupa que pase o a algo que ya ha pasado y acabas teniendo un gran malestar.
Habrás hecho todo lo posible por distraerte y pensar en otras cosas: ponerte a ver una película, quedar con amigos o incluso dormir. Sin embargo, eso que está en tu cabeza sigue ahí, no se va y no puedes disfrutar de lo que ocurre en tu día a día.

¿Por qué pensamos una y otra vez en cosas que no queremos pensar? Seguramente tienes muchos pensamientos que te angustian, temores sobre situaciones que pueden pasar o sobre situaciones ya pasadas. Nuestra mente las repasa una y otra vez. ¿Por qué tenemos pensamientos repetitivos desagradables?
Para dejar de pensar en algo que te obsesiona, acepta que estén esos pensamientos ahí, molestando, pero no les dediques tiempo, ni para bien, ni para mal. Igual que han venido, se irán. Imagina que son arenas movedizas en las que si intentas escapar y salir de ellas te hundes más. Esto es algo parecido, así que deja de intentar luchar contra ellos porque solo haces que se fortalezcan. Deja que sean simplemente como una televisión de fondo.

¿Cómo eliminar pensamientos negativos de ansiedad? Piensa que son pensamientos irracionales. No intentes darles sentido, no les dediques tiempo. No intentes cambiarlos, simplemente no tienen sentido. Es como discutir con una pared, mejor no molestarte y seguir con tus cosas.
Solemos intentar de forma constante buscar soluciones, buscar sentido a lo que pensamos, evidencias de que es real lo que pensamos. Prueba a no hacerlo, a no hacer caso a esos pensamientos. Si resulta que anticiparon el futuro de forma realista, estupendo, pero al menos no has estado sufriendo de forma adelantada.

No podemos cambiar el pasado, ni podemos controlar lo que harán los demás en el futuro. Deja de plantear mil hipótesis sobre qué se puede hacer y cómo podría alguien cambiar. Lo único que puedes controlar es lo que haces tú. Céntrate en ti, en estar en el momento presente, en dejar que todo lo demás fluya sin tener que intervenir en ello, en relajarte y en dejar de controlar esos pensamientos. Solo ignóralos como cuando un niño tiene una rabieta sin razón alguna.

El apego es sinónimo de aferrarse, de atarse e incluso de establecer dependencia u obsesión hacia algo o alguien.
Cuando te apegas a un objeto, idea, actividad o persona, acabas generando con ellos fuertes vínculos. Tan fuertes que puedes volverte adicto a ellos.
Y, cuando eres adicto a algo, tu vida acaba por girar entorno a esa adicción. Estás dispuesto a todo para no dejar ir ese objeto, actividad o persona. Haces todo lo que esté en tu mano para seguir a su lado y alimentar los vínculos que os unen.
No tiene nada de malo tejer y alimentar vínculos con personas, ideas, actividades e incluso objetos. El problema de las adicciones es que suelen acabar por limitar tu vida. Y toda limitación acaba por causarte ciertos daños o, si lo prefieres, efectos colaterales
Uno de estos efectos colaterales es la ansiedad, amiga íntima del estrés. Otro efecto colateral es el miedo, que suele ser primo-hermano de la ira y la violencia. También podríamos añadir la frustración, la decepción o la depresión. Y, finalmente, nos encontramos con la enfermedad, consecuencia última de todas las formas de sufrimiento.


Lo importante es no creerse el centro del universo cuando tenemos éxito, ni el peor del mundo cuando fracasamos. Es mantener el equilibrio y pensar siempre en positivo. De esa manera vas a vivir una mejor vida y vas a sentirte más realizado si tu mente está en constante estado de agradecimiento de los momentos por los que atraviesas ya que, buenos o malos, así es la vida.
Si no te gusta el mundo como es ahora, cámbiate a ti mismo y el mundo cambiará para ti. No te olvides que lo único que puedes controlar en esta vida son tus pensamientos, pero eso basta para cambiarte a ti y a la realidad a tu alrededor.
Seguro que tienes sueños, anhelos y metas. Debo explicarte que los sueños no son nada si no haces tú algo por ellos. Ahora bien, si vas a soñar sueña en grande. Tu imaginación es infinita y como dice el dicho «Si lo puedes imaginar, lo puedes crear».
Recuerda que lo que vale es el esfuerzo. No sueñes pensando en la recompensa, es decir, en el éxito. Para vivir mejor, sueña pensando en el camino.
Pero si vas a soñar, sueña en grande y ponle fecha de realización a tus sueños. Si no luchas por ellos, tus sueños se quedarán solo en eso, en una idea en tu cabeza.


La mente tiene prioridades, mientras no te sientas en peligro, tengas alimentos y un refugio donde puedas cubrirte de la intemperie, entonces usarás tu mente para ir más allá, cuestionarás tu propia existencia y buscaras un objetivo más grande que simplemente comer, subir fotos a redes sociales, reproducirte y morir.
Necesitarás algo más para sentir que tu vida tiene un propósito más amplio y tratarás de darle un significado más profundo a lo que eres y lo que haces.
Es increíble, pero lo que hace a muchas personas vivir en una zona cómoda, segura y conocida durante toda su vida, es lo mismo que hace muchas otras, buscarle un sentido mayor a todo lo que hacen.
Tenemos un nivel de razonamiento mayor que las otras especies del planeta, esto nos impulsa a pensar en grande, tomar consciencia de nosotros mismos y a considerar el futuro y las posibilidades, esa es la raíz de tu insatisfacción actual.
Tienes una necesidad imperiosa por saber qué hacer con tu vida y trascender en ella, algo que tenga sentido y te haga levantarte de la cama contento y entusiasmado por el día que te espera.
La mayoría de personas parecen saber exactamente qué hacer con su vida, no obstante, el hecho de que lo parezca no significa que así sea, no todo es lo que parece.
Muchos han aprendido a vivir en piloto automático. Viven sin cuestionar sus acciones, sus creencias, ni manera su de vivir, no tienen metas ni objetivos, ni piensan en lo que quieren ahora ni a largo plazo.
Por fortuna tú no eres uno de ellas, y es que si estás leyéndome en este momento es porque eres diferente. Tienes una sensación de que necesitas algo más para sentirte realmente vivo, algo que te devuelva la ilusión, el entusiasmo y la motivación que seguramente perdiste hacer algún tiempo atrás.
El no saber qué hacer con tu vida es algo bueno; que te quede muy claro, es el primer paso hacia grandes y positivos cambios que están por venir.
Es como los inicios hacia un renacimiento personal, que te permitirá convertirte en la persona que debes ser, dándole una nueva dirección y sentido a tu vida.

Si quieres vivir una vida feliz, abundante y satisfactoria, entonces debes olvidarte del dinero, de lo que piense la gente y de tus deseos de comodidad. Recuerda que ser feliz no es lo mismo que estar cómodo.
( Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)

En algún momento de nuestras vidas podemos llegar a plantearnos qué sería de nosotros si alguien importante para nosotros se muriera.
Esta pregunta es algo normal, el problema es cuando aparece de forma constante y nos genera una gran carga emocional.
El miedo a la muerte de un ser querido nos acompaña toda la vida pero hay que aprender a vivir con esa posibilidad.
Una vez nacemos, nos exponemos a nuestra propia muerte y a la de las personas que están en nuestro entorno.

Estos miedos nos llevan a conductas que nos pueden provocar problemas con nosotros mismos (ansiedad por ejemplo) o problemas relacionales como problemas de pareja, laborales o dar una educación diferente a la que tenías pensado para tus hijos.
Es igual de negativo pensar en lo que pasó y darle vueltas al pasado como pensar demasiado en el futuro incierto que no ha llegado y no sabemos si llegará algún día. Vive el presente que es lo que sí que puedes cambiar hoy y confía en tus recursos de afrontamiento y en tus habilidades de resolución.
( Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)

Ayúdame, Señor, a obtener el fruto espiritual
Que Tú pretendes con esta enfermedad que me has enviado.
Señor Jesús, dame un espíritu fuerte que esté siempre puesto a ayudar, que nunca se canse de darse a los demás y que a ejemplo tuyo sepa siempre consolar y ayudar a quien lo necesite.

Señor, lleno de confianza en Ti, que sois la misma verdad, me postro a tus pies con un corazón lleno de esperanza, que en este instante eleva una oración con una solicitud muy especial: por favor tómame de la mano y ayúdame a superar mis problemas.
En ocasiones se presentan ante nosotros algunas situaciones difíciles, que ponen a prueba nuestro carácter y nuestra valentía, pero sé que detrás de lo que hoy parece una gran dificultad, pronto se asomará una enorme bendición.

Aunque no comprenda muy bien lo que está pasando en mi vida, en este momento cierro los ojos, respiro hondo y te digo: Amado Dios, sé que todo lo que está sucediendo es parte de tu plan, solo te pido, Dios omnipotente, que me des las herramientas, la sabiduría y la capacidad para salir adelante, en tu poderoso nombre.






A continuación puedes encontrar una lista con 40 singularidades del amor verdadero:
La vida es una sola
La vida es una sola y demasiado corta para que esperemos ingenuamente ese momento perfecto, en el cual creemos que la felicidad bajará de algún cielo, e ingresará a nuestra vida en forma de dinero, oportunidad, persona, etc. Y que simplemente con abrazar ese instante, juntaremos la fuerza para: ¡empezar a ser feliz!.No. La felicidad es un viaje mucho más largo que ese, más profundo, y más reconfortante, por cierto
Buscar constantemente como ser feliz, puede generar angustia. Esto sucede cuando quienes la buscan, lo hacen pensando en que todo lo que se sugiere realizar para alcanzar la felicidad, debe de hecho hacerlos felices, y no saben lidiar con la frustración, si los resultados no aparecen en tiempo y forma.

Salir de tu zona de confort, para dejar viejas costumbres y pensamientos atrás, y ahora mismo empieza a realizar simples modificaciones, que irán aportando esa sensación de bienestar y plenitud, que te permitirán ser más feliz.
Busca gente que te lleve más lejos como persona, que te desafíe, que te permita avanzar en la vida, en todos los aspectos. Sé generoso con tu tiempo, con tu espacio, con un gesto. No sabes lo que un simple acto, puede generar en el otro.
El pasado no está, ya no cuentas con el ayer, menos aún con el futuro. Lo que tenemos es el presente, y es lo que debemos aprender a vivir.

Uno de los factores más relevantes para la felicidad, es estar enfocado en el hoy, abrazar el momento presente, tener conciencia de lo que nos rodea, y de cada sensación que vamos atravesando ahora, ya, en este instante.
El acto de agradecer, es también una correlación de estar focalizado, de vivir el ahora, es un acto del presente, de estar viviendo tu vida hoy, porque está tu conciencia en cada una de las cosas que te están sucediendo, y en lo que tienes.
La verdad, es que la felicidad, no es producto de hacer una cosa, sino de un cambio en el estilo de vida, y no siempre se lo consigue por arte de magia.
Deja de buscar la felicidad, y empezar a vivir la felicidad
( Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)




Desear buenas cosas para los demás es la más poderosa energía que puede transmitir un ser humano, ya que alimenta tu espíritu y atrae bendiciones
A pesar de que las bendiciones se han regido solo en el área espiritual y las creencias religiosas, también tienen bastante importancia desde el factor humano, ya que representan energías positivas que se trasladan de una persona a otra.
De este modo, es momento de arroparte de maravillosos anhelos hacia todas las personas que conoces, ya que no hay nada más confortable que sentirse bendecido al bendecir a los demás.
Cuando le decimos a alguien de forma sincera “Que Dios te bendiga”, no solo le estamos deseando lo mejor, sino que también atraemos el favor de Dios hacia nosotros.
Lo que deseas para otro en la vida, lo pides también para ti.













Si tuviera que describir el amor en una frase, sería: ‘El amor es por lo que creemos que vale la pena luchar’. No importa cómo se presente viene en diferentes tonalidades y no hay dos personas iguales y será diferente a cualquier otro que haya existido antes.
No importa si estamos hablando de objetivos en la vida o de parejas: si no estás dispuesta a luchar por ellos y aferrarte para no perderlos, entonces simplemente no los quieres lo suficiente.
Todos queremos ser amados, atendidos… Y es genial, excepto por todas aquellas cosas con las que hemos creado una amplia zona de confort. Nadie vive una vida feliz en su totalidad dentro de ese ‘espacio del menor esfuerzo’. Cuando encontramos a alguien por el que merece la pena luchar, debemos arrastrarnos fuera de esa zona. Quizá ni nos demos cuenta de que lo hemos hecho, pero en todos los casos será un esfuerzo gratificante, que valdrá la pena.
Aunque suene duro, así como la gente se aburre de las cosas, a veces sentimos que las personas no requieren atención. Y en el caso de una relación, si esta no requiere de un mínimo esfuerzo, de una lucha positiva, es una relación muerta.
Cada hombre y cada mujer merecen a alguien que los ame tanto, que él o ella estén dispuestos a luchar por ellos con uñas y dientes. Si esa persona te ama, tienes a alguien dispuesto a luchar por ti para protegerte, para pelear tus batallas. Esta es exactamente la razón por la que los seres humanos se juntaron en primer lugar.
Hoy ya no es necesario que luche con los puños, pero es necesario que luche por las decisiones que toman, la forma en la que piensan su vida, la forma en que perdonan y hacen todo lo posible para mantener la relación.
El único amor que vale la pena tener es por el que vale la pena luchar, porque cualquier cosa que no vale la pena, no es amor.

Que pase de moda eso de hacernos los interesantes. Que no tengamos que hacernos los duros y podamos hacer y decir lo que sintamos. Que deje de dar miedo apostar por alguien, y decir «para siempre». Que nos comprometamos y que nadie más forme parte de la historia.
Que el amor propio importe, pero no ciegue. Que apartemos el orgullo. Que vuelvan las declaraciones de amor con rotulador en la carpeta o con pintura en la pared. Que nos conozcamos en persona y no por pantalla. Que nos abramos a otra persona arriesgándonos a salir heridos, pero también a ser felices.
Que nos digamos cómo nos sentimos con palabras y no con iconos. Y que los sentimientos sean auténticos y no formen parte del decorado. Que lloremos si duele. Que estemos dispuestos a cambiar, que borremos de nuestras excusas eso de «yo soy así». Que importe un poco más lo de dentro y un poco menos lo de fuera. Que nos saquen a bailar. Que nos escribamos cartas, y nos regalemos flores.
Que vuelva la inocencia, que vuelva el amor. Que no de miedo apostar por alguien.
( Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)

Lo que otras personas piensen de ti es su realidad, no la tuya. Ellos saben tu nombre, pero no tu historia, no han vivido en tu piel, ni han calzado tus zapatos. Lo único que los demás saben de ti es lo que tú les has contado o lo que han podido intuir, pero no conocen ni a tus ángeles ni a tus demonios.
Con frecuencia nos cuesta entendernos a nosotros mismos pero nos aventuramos valientes a descifrar el código del sentir ajeno. No se puede tener ningún tipo de certeza de lo que otros sienten. De la misma forma, no podemos saber lo que han vivido y lo que han aprendido o no.
Por lo tanto, no deberíamos darle importancia a lo que los demás dicen de nosotros, pues sus palabras obedecen a una realidad ilusoria que su mente ha creado con el afán de saberlo todo sobre nuestra vida…
Hay personas que dan su opinión sobre ti, sobre tu vida y sobre tus decisiones aunque nadie se la ha pedido. Suelen ser opiniones malintencionadas o carentes de todo criterio cuyo único objetivo es hacer daño, menospreciar y disfrutar del pesar ajeno.
Si vivimos conforme a lo que los demás piensen de nosotros, perderemos nuestro estilo y nuestra personalidad. Nos veremos obligados a colocarnos una máscara y nuestra imagen en el espejo solo reflejará nuestra inseguridad y la inexistencia de una autoestima saludable.
Para sanar las heridas emocionales que nos causa la crítica, debemos de tener claro, en primer lugar, que somos personas únicas y excepcionales. Conforme a esto, debemos perderle el miedo a sentir y a pensar por nosotros mismos.
Son los demás los que están juzgando y criticando, no tú. La crítica no constructiva lleva consigo gran pobreza emocional en el mundo interno de quien la realiza. Por lo tanto, si la persona no se deja enriquecer, en estas ocasiones te conviene ser emocionalmente egoísta y “que cada palo aguante su vela”.
Puedes escuchar la opinión de los demás, pero esta nunca debería tener un impacto tan elevado en tus emociones. Si esto ocurre, estás dejando que tu estado interno dependa de otras personas sobre las que no tienes control.

La forma en que tomamos decisiones dice mucho acerca de nuestra necesidad de aprobación. Si te sientes inseguro e incapaz de decidir por ti mismo, si requieres en exceso consejos y perspectivas de otros, necesitas trabajar tu autoestima.
Finalmente, la vida es tuya. Eres tú quien va a vivirla y a acarrear con las consecuencias. Por tanto, no decidas en base a lo que los demás esperan o quieren para ti. No dirijas tu rumbo con la intención de contentar a otros. Escúchate a ti y ámate lo suficiente para tomar tus propias decisiones y buscar tu felicidad.

Sé tu mismo y no intentes cambiar para conseguir la aceptación de los demás. Mejora en aquellas cosas que puedas hacerlo y acepta tus rasgos de personalidad que no puedes cambiar. No es necesario que los demás estén de acuerdo contigo en todo para que te quieran y respeten. De hecho, tú tampoco necesitas estar de acuerdo en todo con el resto para valorarlos como se merecen.Todos tenemos mucho que mejorar, pero también mucho por lo que valorarnos y sentirnos bien.
No te centres en los fracasos o en la vergüenza que sientes ante determinadas personas cuando haces algo mal. Márcate objetivos asumibles y visualízate realizándolos con éxito. Si no obtienes el resultado que querías, aprende de ello en lugar de sentirte mal. Toda la vida es un proceso de aprendizaje y hay logros que necesitan más de un intento por nuestra parte. Además, no todos juzgarán cada cosa que hagas. Piensa en positivo y no analices demasiado las cosas: en ocasiones podemos malinterpretar los comentarios de los demás
En tu vida solo deben permanecer las personas que creen en ti y te muestran su apoyo. Es posible que en ocasiones te sientas solo o no lo suficientemente acompañado. Tranquilo, recuerda que lo valioso es rodearte de personas que sean buenas para ti, aunque sean pocas.
Las personas más infelices en este mundo son las personas que se preocupan demasiado por lo que piensen los demás.


Cuando se calcula la esperanza de vida no se tienen en cuenta los momentos que vivimos a medio gas. De ser así, sería mucho más corta. Es la diferencia entre existir o vivir, entre hacer de la vida un viaje llevadero o hacer de la vida un viaje espectacular.
En una cultura que confunde tener y ser y que al confort llama felicidad, no es de extrañar que se haya interiorizado que el éxito es la ausencia de errores en lugar de saber que el verdadero fracaso es la ausencia de intentos.
Esto no es una invitación a ser un temerario o a actuar como un pollo sin cabeza. Es un recordatorio de que el éxito no depende de factores externos, resultados o medallas, sino del desarrollo pleno de las capacidades internas. Dicho de otra forma, el éxito no es ganar la carrera, es correr todo lo que puedas.
Dalo todo y no pierdas el tiempo con lo que no está en tu mano. Por ti que no haya sido. Y ya sea con una pareja, con tus amigos, en un viaje o en un compromiso que no te apetecía nada, intenta exprimir cada momento. Que donde estés, estés, pues estar en un sitio con la cabeza en otro lado es no estar en ninguna parte. Si cabeza cuerpo y corazón no se alinean, no es presencia sino ausencia. La vida no es una bandeja que hay que picotear, es un plato que hay que rebañar.
Unas veces tendremos que irnos nosotros y otras se irán ellos (momentos y personas), pero si algo es seguro es que no se puede disfrutar aquello que no estamos dispuestos a perder.En el precio de crecer está incluido salir de la zona segura, soltar, moverse. Y una vez empiezas a moverte ya no dejas de decir adiós. Crecer es un continuo echar de menos.
Se trata de un auténtico pacto de valientes: por cada adiós, un saludo; por cada saludo un adiós. Hasta saldar un día las cuentas entre el mayor de los saludos, nacer, y el mayor de los despidos: morir.

Dalo todo y allá los demás; salta sin temor a esas experiencias donde las pasiones arden y los corazones ensanchan; cumple tu parte y no racanees a la vida con una versión de ti más baja de lo que puedes dar, porque son esos pequeños ahorros de entrega los que poco a poco van quitando brillo a nuestra historia y van dejando a nuestro paso un rastro de aventuras deslucidas.
Si te dejas algo en el tintero puede que te evites algún borrón, pero también puede que te pierdas uno de los mejores párrafos de tu historia.
Mientras que las garantías son los avales de las existencias pobres, darlo todo es el refugio y el consuelo de las vidas excelentes. Es en el coraje de exponerse ante el mundo sin reservas, a sabiendas de que puede no irnos bien, donde la entrega se convierte en el corsé que mantiene las cabezas altas.







Tú sabes leer en los gestos, atiendes cada aspecto, te preocupas por cada palabra y cada movimiento… Sin embargo, tu pareja parece ser ciega a esos múltiples detalles. ¿Significa esto que te quiera menos? En absoluto.
El amor no se experimenta siempre de la misma forma, pero ello no quiere decir que no nos amen. Lo hacen, pero a su manera y tú a la tuya.
Cuando una persona altamente sensible sufre una desilusión, cuando experimenta una ruptura, una traición o una mentira, su sufrimiento puede llevarle a la indefensión, y a una depresión. Si la felicidad y el amor se vive de una forma realmente intensa, el fracaso se experimenta de igual forma. Y la caída interior puede ser muy grave.
No lo permitas, acepta desde muy temprano la adversidad, la existencia del fracaso, el conocimiento de la tristeza… Entiende que la vida tiene estos agujeros negros en los que nunca deberás dejarte arrastrar.
Si hay un aspecto en el cual, tienes ventaja, es en tu sabiduría de la soledad. Eres de esas personas que encuentran un gran placer estando solas, creando, leyendo, escuchando música… Tienes un conocimiento interior muy vasto, sabes escucharte y atenderte. Sabes hilar el conocimiento de la soledad, porque en ella, te encuentras bien. Eres tú mismo en toda tu grandeza.
El amor es una aventura que siempre merece la pena vivirse, y si es al lado de las personas altamente sensibles, puede ser tan increíble como bella.
Tú aportas esa sinceridad que nace del corazón, que intuye y complace, que sabe afinar la felicidad al máximo y que no sabe de mentiras… No cierres las puertas de tu corazón por haber vivido algún fracaso. Una vida que se experimenta desde el corazón tiene mucho que ofrecer al mundo.

No presiones. Las personas altamente sensibles piensan demasiado y pueden sentirse abrumados por sus propios pensamientos. Si sales a tomar unas copas con este tipo de personas notarás que poco a poco se van liberando pero, a la vez, se inundará su cabeza de pensamientos, preocupaciones o sensaciones. Es mejor dejarles su espacio sin hacer presión para saber qué les ocurre. Por sí solos, ellos te lo contarán.
Su extrema sensibilidad les hace, en determinados momentos, intolerantes al ruido o a las multitudes y notarás cómo, en ocasiones, buscan un momento de paz, un oasis, en esos momentos de estrés y caos. Si sientes que se quedan callados o están ausentes durante unos minutos, déjales su espacio, es importante para ellos reordenarse con un poco de tiempo y sin presión. Por otro lado, es necesario entender que también desaparezcan durante unos días, necesitan disfrutar de sus propias vidas y dedicarse tiempo a ellos mismos.
Si algo caracteriza a las personas altamente sensibles es su poder de observación, su intuición y su sentido crítico. No les juzgues ya que, aunque ellos analicen o hagan alguna crítica a tu persona, jamás lo harán con maldad, sino como un cumplido, por el afán de ayudarte a mejorar. Recuerda que los PAS tienen una capacidad nerviosa, sensitiva e intelectual muy desarrollada. No les subestimes.
Sinceridad. Para una persona altamente sensible será fundamental saber qué sientes: si estás enfadado, si estás decepcionado, si no te ha gustado algo en particular de su persona… Para ellos es básico que la persona que les acompaña no se ponga una máscara por miedo a herir sus sentimientos o su sensibilidad. La honestidad es un gran valor para ellos.
Una persona altamente sensible se lo tomará todo a nivel personal. Te aconsejamos que midas tus palabras, que busques la mejor manera de llamar su atención, sin que eso les suponga una preocupación mayor. Es importante entenderlos y aceptar su sensibilidad.


¿Quién no se ha quejado alguna vez cuando suena el despertador y desea seguir durmiendo un ratito más? ¿quién no se ha quejado porque el agua de la ducha tarda más de la cuenta en salir caliente, porque nos sirven un café que está demasiado frío o demasiado caliente? ¿quién no protesta cuando conduce tras otro coche que circula muy despacio o porque los semáforos se ponen en rojo cuando más prisa tenemos?, ¿y que me dices de la temperatura, alguien sabe cual es la temperatura ideal de una sala?, sea cual sea, siempre habrá alguien a quien no le parecerá bien.
Ciertamente, si queremos, tenemos millones de motivos para quejarnos, y si nosotros no lo hacemos seguro que conocemos personas de nuestro entorno que viven situados en la queja constante.
La pregunta es ¿son o somos más felices cuando nos quejamos?, ¿contribuye ello a cambiar la situación que genera la queja?, en ambos casos la respuesta es un rotundo NO.
La pregunta inmediata que se plantea es ¿entonces por qué nos quejamos?, básicamente por dos motivos:
El primero es porque con la queja desviamos nuestra atención sobre lo que sucede y eludimos pensar en nuestra responsabilidad y en lo que podemos hacer nosotros para que ello cambie.
La segunda razón es porque, inconscientemente, la persona que vive en la queja desea obtener la atención de los demás, ni que sea desde la compasión o la lástima.
El precio a pagar por quejarse es que nos incapacita para hacernos cargo de nuestra propia vida y nos genera dependencia de los demás, sin entrar ya en lo desagradable que resulta para los otros la compañía de una persona que vive en la queja constante.
Un ejercicio muy útil para cambiar todo ello, es fijarse cuántas veces al día nos quejamos, sobre qué o quién lo hacemos y cuántas de esas quejas son gratuitas y nos las podríamos haber ahorrado. Un siguiente paso del ejercicio consiste en comprometernos con nosotros mismos a no quejarnos y retarnos a estar 21 días seguidos sin queja.
Cuando son las personas de nuestro entorno las que se quejan de forma constante, ciertamente nosotros no podemos actuar por ellos, pero sí podemos decidir cómo nos afectan sus quejas y cómo actuamos ante ellas. En vez de hacernos cómplices compadeciéndonos y reforzando su papel de víctima podemos optar por hacer la “técnica del espejo” y mediante sencillas preguntas del tipo “¿qué se te ocurre para cambiar eso?” desviar su atención hacia su propia responsabilidad o, como mínimo, evitar que se queje ante nosotros.

Dejar de quejarnos, empezar a comunicarnos de otra manera, nos aporta muchas ventajas:
“Hay millones de motivos para quejarse y millones de motivos para no hacerlo. Optar por una opción o por otra depende de ti”.
Ante la posibilidad de quejarse o no hacerlo, a partir de ahora ¿con qué opción te quedas tú?
( Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)