HABLAR Y CALLAR

Pensar antes de…

Saber hablar a tiempo, en el momento oportuno, puede ser de gran ayuda y hacer mucho bien a la persona que lo recibe. Pero saber callar cuando la otra persona no está preparada para recibir un consejo o un reproche, es sabiduría que no tiene precio. Por eso el apóstol Santiago nos dice que: “todo hombre sea pronto para oír y tardo para hablar”.

Tanto las palabras como los silencios, están relacionados con nuestros pensamientos, pero más profundamente con nuestro corazón.

Dice la Biblia en Proverbios 23,7: “Porque según sea tu pensamiento en tu corazón, así eres”

Equilibrio maravilloso y no ciertamente fácil entre hablar y callar. Que tanto puede uno pecar por defecto como por exceso. Pero podría ser una norma prudente callar, por lo general, cuando los demás quieren hablar y hablar cuando los otros desean escuchar.

Hablar oportunamente, es acierto.
Hablar frente al enemigo, es civismo.
Hablar ante una injusticia, es valentía.
Hablar para rectificar, es un deber.
Hablar para defender, es compasión.
Hablar ante un dolor, es consolar.
Hablar para ayudar a otros, es caridad.
Hablar con sinceridad, es rectitud.
Hablar de si mismo, es vanidad.
Hablar restituyendo fama, es honradez.
Hablar aclarando chismes, es estupidez.
Hablar disipando falsos, es de conciencia.
Hablar de defectos, es lastimar.
Hablar debiendo callar, es necedad.
Hablar por hablar, es tontería.
Hablar de Dios, significa mucho amor.

Callar cuando acusan, es heroísmo.
Callar cuando insultan, es amor.
Callar las propias penas, es sacrificio.
Callar de si mismo, es humildad.
Callar miserias humanas, es caridad.
Callar a tiempo, es prudencia.
Callar en el dolor, es penitencia.
Callar palabras inútiles, es virtud.
Callar cuando hieren, es santidad.
Callar para defender, es nobleza.
Callar defectos ajenos, es benevolencia.
Callar debiendo hablar, es cobardía.

Así como hay un arte de bien hablar, existe un arte de bien escuchar. Y escuchar es más difícil que hablar. Porque no es lo mismo oír, que escuchar. Estas son otras dos perlas, sobradas de razón:

“Si los hombres se limitaran a hablar de lo que entienden, apenas hablarían” (Arturo Graff).

“La mayoría de las personas gastan más tiempo y energías en hablar de los problemas, que en afrontarlos”

En general, se educa a la gente a que es mejor callar que hablar, que “en boca cerrada no entran moscas”, o en lenguaje folclórico: “calladito te ves más bonito”. No tiene que ser así.

Dicen también que uno se arrepiente más de lo que dice que de lo que calla, y en general es cierto, cuando lo dicho se hace bajo presión del enojo, la ira o la desesperación, por ejemplo. En esas ocasiones, las personas tienden a decir cosas de las que después se arrepienten, sobre todo cuando ofenden a otros o les faltan al respeto. También en esos casos altamente emocionales, las personas tienden a revelar cosas que no debieron decir, como revelar confidencias.

Si sus emociones están a flor de piel, detenga su impulso de hablar o reclamar y tome un tiempo para calmarse. Luego piense en los puntos que quiere platicar con su conyugue o sus hijos y busque el momento adecuado para conversar con más calma.

El hablar acerca de nuestras diferencias sin dejar que estas se acumulen, es de sabios. Pero el callar en algunos momentos inoportunos también lo es. No se deje llevar por sus emociones las cuales tienden a ser malas consejeras, sea sabio y evalúe el momento, las emociones, las circunstancias y el mensaje, de manera que pueda aprender a construir una comunicación efectiva con su pareja o con sus hijos. La recompensa por su sabiduría será grande y provechosa, y en un futuro no muy lejano vera los frutos de su esfuerzo.

(Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)

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