VIDA Y ESPERANZA

Creer en el destino

Esperanza viene del latín “sperare”, que significa esperar. Tener esperanza es esperar soluciones. Entre las fortalezas humanas que nos permiten estar fuertes frente a la debilidad emocional, se encuentran el optimismo, las habilidades sociales, la honestidad, la ética, valores como la perseverancia, la capacidad de disfrutar y fluir y la esperanza.

Tener esperanza es creer que el destino puede cambiar. Es confiar en que se va a tener suerte. Es estar convencido de que hay soluciones. Es un sentimiento positivo relacionado con la espera. Tener esperanza impide que caigamos en el desánimo, en la depresión y que demos algo por perdido. Cuando la pierdes, dejas de involucrarte con tu objetivo, pierdes el interés y no inviertes el esfuerzo, el trabajo ni la creatividad que requiere la situación.

Esperanza es una de esas palabras que todos amamos en secreto, a pesar de no entender del todo su sentido. Nos gusta pensar que siempre habrá una puerta que se abrirá en el último momento y nos salvará del dolor o el infortunio.

La desesperación, una situación angustiosa para quien la padece, es simplemente falta de esperanza.

“El ser humano no vive más que por lo que espera”. La vida es a menudo una sucesión de esperas: las madres aguardan el nacimiento de sus hijos, los niños anhelan hacerse mayores, los jóvenes encontrar su lugar en la vida y las promesas del amor, las personas maduras ver crecer a sus hijos o a sus proyectos y los ancianos una vida tranquila, antesala de un más allá.

Hay dos posibles acercamientos a lo que la esperanza significa. Una es racional, se trata de un estado de ánimo en el que vemos como posible aquello que deseamos. Es decir, hacemos un cálculo de probabilidades y se nos presenta como verosímil aprobar el examen para el que nos hemos preparado con empeño, o que nos casaremos con la pareja que nos ama y comprende.

Pero en otras ocasiones la esperanza es una opción mágica. Así sucede cuando pensamos que acertaremos la quiniela que nos hará ricos o deseamos que algún milagro salve al familiar desahuciado por la medicina. En todo caso, se trata de un bien social, “Vive mejor el pobre dotado de esperanza que el rico sin ella”.

La esperanza tiene que ver con un acto de confianza o adhesión a la vida. Confiamos en que el sol amanecerá mañana, como hace cada día, sin que la posibilidad de que no sea así nos intranquilice. Y, cuando de niños nuestro padre nos subía de repente a sus hombros, no sentíamos miedo. Desde esa altura casi vertiginosa contemplábamos el mundo admirados y divertidos.

Nos gusta vivir esperanzados, porque así lo bueno que nos sucede adquiere mayor relevancia, lo degustamos con mayor fruición pensando que nunca se acabará, imaginamos que lo malo no durará siempre y pronto se tornará en algo agradable.

También tiene que ver con la capacidad de optimismo que tenemos. Aunque es cierto que, según el carácter, algunas personas están más abiertas que otras a la esperanza. Piensa el pesimista que el optimista exagera en su visión amable del mundo, y cree el optimista que el pesimista solo ve el lado sombrío de las cosas creyéndose bien informado.

Lo mejor es cultivar un optimismo moderado pero constante respecto al aprecio por el mundo y sus habitantes. O, si se prefiere, un ligero pesimismo esperanzado: las cosas no están en el fondo tan mal como parece.

HAZ QUE OCURRA …

Un padre de familia le pedía ayuda a Dios de la siguiente manera: “Señor, sabes que estamos necesitados y pasamos penurias. Por favor, haz que me toque la lotería”. Pero eso no sucedía, a pesar de lo cual el hombre no dejaba de implorar una y otra vez el ansiado premio. Hasta que un día, en medio de su plegaria, oyó una voz profunda que le dijo: “Por favor, compra algún número de lotería”.

Hay ocasiones en que se cumple misteriosamente alguno de nuestros deseos más íntimos, sin que entendamos por qué ha sido tan fácil. Mientras que otros deseos parece que no vayan a realizarse nunca. Según el pensamiento oriental, todo lo que sucede depende básicamente del karma consecuente a nuestras acciones precedentes. Se recoge lo que se planta. Decía Buda: “Si quieres saber cómo será tu vida futura, fíjate en cómo te comportas en esta, y si quieres saber cómo era tu vida anterior, ve sus consecuencias en lo que te sucede actualmente”.

La esperanza es de algún modo la intuición de que son muchas las buenas posibilidades que se abren ante nosotros a cada momento y que podemos actualizar en nuestras vidas si obramos con inteligencia, sensibilidad y buena voluntad.

Pero también llamamos esperanza a la secreta convicción de que si nos equivocamos en la elección o no trabajamos lo suficiente para lograr nuestro objetivo, no por ello se cierran todas las puertas. El futuro puede darnos otras oportunidades y lo que parece un fracaso es un aprendizaje necesario para lograr después algo valioso, sea de tipo material o intangible.

La esperanza es el mejor médico que conozco. Hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aun cuando no vea tierra por ningún lado… El hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo.

( Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)

 

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