PORQUÉ ES TAN DIFÍCIL COMPRENDER LA MUERTE.

La muerte forma parte de la vida

La Muerte es quizás uno de los momentos más difíciles de la vida, cuesta aceptar y entender, porque no aprendimos a fluir con ella y comprenderla.
Nos enseñaron a vivirla como un hecho traumático, en vez de vivirla como un proceso natural.

La palabra “MUERTE” tiene tantas influencias negativas que habría que eliminarla de nuestro vocabulario y llamar a este proceso “TRASCENDENCIA” porque eso es lo que hacemos, trascender a otra realidad, adecuada a nuestro estado de conciencia. Todos los miedos que tenemos en la Vida, la no aceptación de los ciclos, el apego, dependencias y las falsas seguridades que nos creamos tienen la raíz en el miedo a la muerte. Solo el conocimiento, el entendimiento y el amor nos mostrará para qué nacemos, para qué estamos de forma temporal en este mundo material y para que abandonamos el cuerpo físico.

Cuando un Ser Querido abandona este mundo material en el que experimentamos la Vida, está naciendo en otros planos de existencia continuando con su libre evolución. Si abandonamos el apego y el sufrimiento y activamos el Amor incondicional hacia la persona que ha emprendido el viaje a otro nuevo mundo, los sentidos del Alma podrán percibir la energía y el Amor del Ser querido que se fue.

Recuerda siempre la chispa de vida que tenía el ser querido en sus ojos, recuerda su energía y su amor. Todo lo que era y es, ahora existe en otra frecuencia diferente que nuestros sentidos físicos no pueden o no se permiten percibir, simplemente ha dejado ésta pequeña frecuencia para pasar a otra evolucionando en consciencia, de acuerdo a su propia misión cumplida en su existencia.

Aunque el hombre común considera la muerte con temor y pesadumbre, aquellos que ya partieron saben que ella constituye una maravillosa experiencia de paz y libertad.

Al morir, te olvidas de todas las limitaciones del cuerpo físico y entiendes cuán libre eres. En los primeros segundos se experimenta una sensación de miedo, de temor a lo desconocido, a algo que es extraño a la conciencia. Pero después de estos breves momentos de sobrecogimiento, viene una maravillosa percepción: el alma experimenta una gozosa sensación de descanso y libertad. Comprendes entonces que existes con independencia del cuerpo mortal.

Todos vamos a morir algún día, así que de nada sirve tenerle miedo a la muerte. Tú no te sientes desdichado ante la perspectiva de perder la conciencia del cuerpo durante el sueño; por el contrario, aceptas el sueño como un estado de libertad que esperas con anhelo. Así es también la muerte: un estado de descanso, una pensión ganada en esta vida. No hay nada que temer. Cuando llegue la muerte, ríete de ella. La muerte es sólo una experiencia que tiene por objeto enseñarte una gran lección: que no puedes morir.

Nuestro ser real, el alma, es inmortal. Quizá durmamos durante un corto tiempo en ese cambio al que llamamos muerte, pero nunca podremos ser destruidos. Existimos, y esa existencia es eterna. La ola llega a la costa y, luego, retorna al mar; no se pierde. Se funde con el océano, o regresa nuevamente en la forma de otra ola. Este cuerpo ha venido aquí y desaparecerá; pero la esencia del alma que mora en su interior jamás cesará de existir. Nada puede aniquilar esa eterna conciencia.

El cuerpo es tan sólo una vestimenta. ¿Cuántas veces te has cambiado de ropa en esta vida? Y no por eso dirías que tú has cambiado. De la misma manera, cuando te desprendes de la vestimenta corporal al sobrevenir la muerte, tú no cambias. Sigues siendo exactamente el mismo, es decir, un alma inmortal, un hijo de Dios.

La palabra «muerte» es un término muy inapropiado, ya que la muerte no existe; cuando te cansas de la vida, simplemente te quitas la vestidura de carne y regresas al mundo astral

 Para quienes se encuentran padeciendo, la muerte es resucitar de las dolorosas torturas de la carne y despertar en la paz y la calma. Para las personas ancianas, la muerte constituye una pensión ganada a través de años de lucha en la vida. Y para todo ser, la muerte es un bendito reposo.

Por lo tanto, no sientas pena por la persona que está atravesando la ilusión de la muerte, pues enseguida será libre. Una vez que salga de aquella ilusión, comprobará que, al fin y al cabo, la muerte no era tan mala, y comprenderá que su mortalidad era sólo un sueño, y se regocijará al constatar que el fuego no puede quemar su alma ni el agua puede ahogarla: es libre y está a salvo.

¡Qué gloriosa es la vida después de la muerte! Ya no tendrás que arrastrar este viejo equipaje de huesos, con todos sus problemas. En el cielo astral, estarás libre, exento de limitaciones físicas.

Cuando muere un ser querido, en lugar de afligirte injustificadamente, comprende que ha ascendido por voluntad de Dios a un plano superior y que el Señor sabe qué es lo mejor para él. Alégrate porque está libre, y ora pidiendo al Señor que tu amor y tus buenos deseos sean mensajeros de aliento para esa persona, mientras avanza por su senda. Esa actitud tuya le ayudará mucho más. Naturalmente, no seríamos humanos si no echáramos de menos a nuestros seres queridos; pero, al sentirnos tristes por la soledad en que nos han dejado, no debemos permitir que nuestro apego egoísta los mantenga atados a este mundo. El dolor extremo impide a un alma que ha partido continuar avanzando hacia una paz más grande y una mayor libertad.

Para enviar pensamientos a tus seres amados que han fallecido, siéntate tranquilamente en tu habitación y medita en Dios. Cuando sientas la paz divina en tu interior, concéntrate profundamente en el centro de la voluntad situado en el entrecejo— y envía tu amor a los seres queridos que se han ido.

Si lo haces en forma continua, y si no pierdes la intensidad de tu interés en el ser amado, esa alma recibirá, sin duda alguna, tus vibraciones. Tales pensamientos brindan a tus seres queridos una sensación de bienestar, la sensación de ser amados. Ellos no te han olvidado más de lo que tú los has olvidado a ellos.

Envía pensamientos de amor y buena voluntad a tus seres amados tan a menudo como lo desees, pero hazlo como mínimo una vez al año; tal vez, en algún aniversario especial. Diles mentalmente: «Nos encontraremos de nuevo en algún momento y continuaremos desarrollando nuestro mutuo amor y amistad divinos». Si ahora les envías continuamente tus pensamientos de amor, sin duda algún día los encontrarás de nuevo. Sabrás que esta vida no es el fin, sino tan sólo un eslabón en la eterna cadena de tu relación con tus seres queridos.

(Los textos son de autor desconocido, fueron copiados y recontados por Adonis)

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